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Después de pasar varias horas al sol, ya sea en la playa o en la piscina, nuestra piel puede quedar deshidratada, sensibilizada y con una sensación de tirantez. La exposición prolongada al sol, al cloro o a la sal del mar puede alterar la barrera natural de la piel, provocando sequedad e incluso irritación. Por eso, es fundamental adoptar una rutina de cuidado que no solo limpie suavemente, sino que también repare y relaje.









