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La vuelta a la rutina tras el verano supone para muchas mujeres un momento de reajuste que puede desestabilizar su bienestar físico y emocional. Retomar el ritmo laboral, compatibilizar responsabilidades familiares y recuperar hábitos diarios suele traer consigo estrés, fatiga y dificultades para dormir. Estos factores afectan de manera directa a la energía y al estado de ánimo, lo que puede repercutir en el rendimiento y en la calidad de vida durante las primeras semanas de septiembre.









