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En dermocosmética, la eficacia de un tratamiento no depende únicamente de los activos que incorpora, sino de cómo se formulan, conservan y llegan a la piel. Ingredientes como la vitamina C pura, uno de los antioxidantes más utilizados por su acción iluminadora y antiedad, plantean un importante reto técnico debido a su inestabilidad frente a la luz, el aire y la humedad. Garantizar su estabilidad ha sido, históricamente, uno de los grandes desafíos del cuidado facial.











