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Los trastornos digestivos funcionales en bebés pueden afectar a la calidad de vida familiar

Los primeros meses en la vida de un bebé se pueden acompañar de manera frecuente de trastornos gastrointestinales, que no solo ocasionan un malestar en el recién nacido, sino que también van asociados a trastornos en su sueño, a tener que acudir una gran cantidad de veces a consulta y urgencias, angustia en los padres, y alteración de su vida social e, incluso, de la relación con su propio hijo. 

El aspecto psicosocial de este tipo de trastornos y los últimos avances en el manejo nutricional de los mismos han centrado las I Jornadas de actualización en Nutrición Pediátrica, organizadas por Almirón.

Los trastornos digestivos funcionales más frecuentes en la primera infancia son las regurgitaciones y reflujo gastroesofágico, el cólico infantil y el estreñimiento funcional. “La clave principal es transmitir la importancia y consideración que debemos darles, no solo por su frecuencia y por el consumo de recursos sanitarios que producen, sino por el bienestar del bebé y su familia”, explica la Dra. Mónica Riaza, pediatra de Cuidados Intensivos Pediátricos y Neonatales del Hospital HM Montepríncipe (Madrid). “El aspecto psicosocial me parece muy importante para reflexionar sobre la posibilidad de que quizá no es que los padres manejen mal sus emociones ante un niño con un trastorno funcional, sino que, si un niño presenta síntomas repetidamente, que cumplen una serie de criterios diagnósticos (no comportándose como lo que consideramos normal), los padres terminan teniendo una serie de dificultades en su manejo, viviéndolo con angustia, preocupación e irritabilidad. Secundariamente, puede tener repercusión a nivel de la relación parental, social e incluso laboral”, añade la doctora.

En este sentido, la experta señala que, aunque no exista una lesión orgánica evidente, no quiere decir que no sea una situación patológica: “el que no veamos a través de pruebas complementarias habituales la microinflamación, los fenómenos de hipersensibilidad visceral, los neurotransmisores y mecanismos de intercomunicación entre el sistema digestivo y el sistema nervioso, no quiere decir que no existan”. De ahí la importancia de dar una información adecuada a los padres, tras una historia clínica y una exploración completa, explicando que son trastornos leves que tienden a mejorar con el tiempo y estableciendo un abordaje nutricional personalizado.

Debido a la gran variabilidad de criterios diagnósticos y a la metodología de muchos estudios es difícil establecer una evidencia consistente en el manejo de estos trastornos. Dos de los grandes avances que la Dra. Riaza señala es considerar el aspecto psicosocial mencionado, así como la investigación del “eje cerebro-intestino” y del papel de la microbiota para realizar el abordaje nutricional de estos trastornos. “Probar con alguna intervención nutricional para tratar de mejorar la sintomatología parece una práctica razonable y, sobre todo, segura. Las fórmulas especiales pueden ayudar a mejorar la calidad de vida del paciente y su familia, en los niños alimentados con fórmula”, incide la doctora.

“La modulación de la microbiota intestinal podría modificar los fenómenos de microinflamación y las señales que llegan al cerebro. Por ello, en los últimos años se han incorporado los prebióticos en las fórmulas infantiles para favorecer el tránsito y calidad de las heces, así como el crecimiento de bifidobacterias. Asimismo, los suplementos con probióticos están en continua investigación, sobre todo, para encontrar las cepas y las dosis más efectivas para el tratamiento”, indica la doctora.

No hay una evidencia clara sobre cómo pueden evolucionar a largo plazo los trastornos digestivos funcionales en estos pacientes. Sin embargo, los pacientes adultos con trastornos digestivos funcionales tienen, con mayor frecuencia, antecedentes en la infancia. “En lo referente al crecimiento, tampoco parece haber una repercusión clara, salvo en algunos casos en los que los síntomas traducen una posible alergia a proteína de leche de vaca (APLV) no mediada por IgE o una enfermedad por reflujo, en la que sí puede haber un estancamiento ponderal”, explica la Dra. Mónica Riaza.

Últimos avances en el manejo nutricional de la APLV

En línea con ello, el segundo día de las jornadas se ha centrado en el manejo de la APLV en atención primaria. La Dra. Beatriz Espín, pediatra del Hospital Infantil Virgen del Rocío (Sevilla), que ha focalizado su ponencia en revisar las guías de tratamiento de la APLV, ha puesto de manifiesto la importancia de efectuar un diagnóstico correcto, ya que, por ejemplo, el retraso en la detección de las formas no mediadas por IgE tiene un mayor riesgo de desarrollo de alteraciones nutricionales.

Asimismo, la Dra. Espin resalta el aumento de la frecuencia y gravedad de las alergias alimentarias durante los últimos años. “Aunque los motivos exactos no se conocen, sí que podemos señalar una serie de factores ambientales, entre los que destacan la exposición a antibióticos, el tipo de parto, la higiene, la forma de introducir alimentos en la dieta del lactante y, sobre todo, las alteraciones en la composición de la microbiota intestinal”, comenta la experta.

Para su manejo, la leche materna es el alimento idóneo para el lactante, por lo que se recomienda mantener su aporte en niños con APLV. Además, la experta explica que “la exclusión de las proteínas de leche de vaca en la madre solo será necesario en aquellas situaciones en las que el lactante presente síntomas de alergia. En los lactantes que no tomen leche materna o necesiten suplementarla, debe emplearse una fórmula de sustitución. En lactantes con formas leves o moderadas de APLV, las denominadas fórmulas extensamente hidrolizadas suelen ser la primera opción mientras que, en los casos graves, como esofagitis eosinofílica y afectación nutricional importante, las fórmulas elementales se consideran de elección”.

Además, los pacientes con alergia alimentaria en sus primeros años tienen riesgo de desarrollar otras enfermedades atópicas a lo largo de la vida, así como trastornos funcionales gastrointestinales y manifestaciones extraintestinales en el futuro. “Algunos estudios llevados a cabo en los últimos años parecen mostrar la posibilidad de que un tratamiento precoz y activo, especialmente mediante determinados probióticos y simbióticos, en pacientes con APLV podría modular la expresión de estas entidades a medio y largo plazo. También la presencia de galactooligosacáridos (GOS), fructooligosacáridos (FOS) y oligosacáridos de la leche materna (HMO) en estas fórmulas se ha ligado a la obtención de una microbiota que se asemeja más a la que tiene el lactante alimentado con la leche de su madre”, concluye la Dra. Espin.

Por último, la doctora Celia Pinto, Jefe del equipo de alergología pediátrica ALPEDIA en el Hospital VITHAS NISA Pardo de Aravaca (Madrid), ha desarrollado cinco casos clínicos a través de los cuales ha ido exponiendo las tres entidades clínicas bien definidas de la APLV no mediada por IgE, interactuando con los participantes mediante el método pregunta-respuesta.

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