En el marco del Día de la Protección Solar, Niche Beauty Lab reunió a expertos en dermatología, farmacia, ciencia y evaluación de fotoprotección para analizar el momento que atraviesa la categoría solar, marcado por una paradoja cada vez más evidente: nunca ha existido tanta innovación en protección solar y, al mismo tiempo, tanta desconfianza y polarización en torno a ella.
La mesa redonda, moderada por la periodista María Almenar, contó con la participación de Ana Molina, dermatóloga y directora de Comunicación de la AEDV; Helena Rodero, farmacéutica y divulgadora especializada en dermocosmética; Ismael Castellà, experto en evaluación de SPF de Helioscience; y Silvia Cortés, directora científica de Niche Beauty Lab.
Durante el coloquio, los ponentes coincidieron en señalar que la fotoprotección vive un momento de gran sofisticación tecnológica, gracias al avance en formulaciones, texturas y sensorialidad, así como a la integración creciente del SPF en las rutinas diarias de cuidado de la piel. Sin embargo, esta evolución convive con un escenario de sobreinformación, mensajes contradictorios y controversias amplificadas en redes sociales, que están generando dudas sobre la eficacia y seguridad de los protectores solares.
Ana Molina resumió el contexto actual como “el momento de mayor sofisticación jamás vivido” y, simultáneamente, “de mayor desconfianza”. Helena Rodero habló directamente de “polarización”, mientras que Ismael Castellà lo definió con una palabra: “confusión”. Para Silvia Cortés, gran parte de este escenario responde a la proliferación de voces no expertas y a la dificultad del consumidor para identificar referentes fiables.
Uno de los bloques centrales del debate abordó la comunicación científica y el impacto de las redes sociales. Los participantes alertaron sobre el riesgo de simplificar excesivamente mensajes relacionados con la fotoprotección y criticaron determinadas estrategias de marketing basadas en el miedo o en conceptos como “tóxico” o “libre de química”, que, a su juicio, contribuyen a erosionar la confianza del consumidor y a generar enfrentamientos artificiales entre filtros minerales y orgánicos.
La conversación también puso el foco en la regulación y la innovación. Castellà recordó que la categoría solar es una de las más reguladas del mercado cosmético y defendió que el desarrollo de un fotoprotector exige cumplir estrictos estándares de eficacia y seguridad. Además, destacó que la demanda de SPF elevados y fórmulas cada vez más agradables cosméticamente ha obligado a la industria a innovar en emolientes, filtros y tecnologías de formulación para equilibrar protección y sensorialidad.
En esta línea, Silvia Cortés defendió el trabajo de los laboratorios españoles y recordó que formular un protector solar eficaz y agradable de usar sigue siendo un reto técnico importante, ya que una buena experiencia cosmética resulta clave para garantizar que el consumidor aplique la cantidad adecuada y mantenga la protección durante todo el año.
Otro de los puntos destacados fue la necesidad de mejorar la educación sobre SPF y tipos de radiación. La mesa abordó además aspectos prácticos relacionados con el uso correcto del fotoprotector, recordando que la eficacia depende tanto de la formulación como de la cantidad aplicada y de la reaplicación adecuada. En este sentido, los especialistas insistieron en que el protector solar debe entenderse como una herramienta dentro de una estrategia global de fotoprotección que incluya ropa, gafas y búsqueda de sombra, y no como una solución única o infalible.
Como conclusión, los participantes coincidieron en que el principal reto actual no es tanto una crisis de eficacia como una crisis de confianza y comprensión científica. Frente a la creciente desinformación, reclamaron una mayor implicación de profesionales sanitarios, industria y medios de comunicación para reforzar la divulgación rigurosa y devolver claridad a una categoría estrechamente vinculada con la prevención y la salud cutánea.




