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Paseo por la historia del perfume

El origen del perfume se remonta a la Edad de Piedra, cuando los hombres quemaban maderas aromáticas y resinas que desprenden un olor agradable para complacer con humo a sus divinidades.

Artículo escrito por Inmaculada Vicente, farmacéutica comunitaria en farmacia Lisboa, publicado en Farmaventas 169.

 

Es esta forma aromática, a través del humo, quemando maderas o inciensos, “per fumum” en latín, la que dará lugar posteriormente al término “perfume”.

Aunque con frecuencia, el origen del perfume se atribuye a la época de los egipcios, asociado a los elaborados ritos funerarios de los faraones, los griegos lo consideraban un don de Venus, y árabes y romanos perfeccionaron las técnicas de los almizcles y ampliaron la paleta olfativa con múltiples esencias orientales.

Inicios de la historia del perfume

La historia del perfume comienza a finales del siglo XVII, una historia que comenzó en 1693, cuando Gian Paolo Feminis formuló el Aqua Mirabilis, en la trastienda de su bodega de Colonia, (Alemania), la que fue su ciudad de adopción.  

Este Aqua Mirabilis resultó como producto de destilación de plantas medicinales, y se le reconocían extraordinarias virtudes terapéuticas, tonificantes y vigorizantes.

La extraordinaria “Aqua Mirabilis”, agua admirable, gozaba de virtudes curativas tan sorprendentes, que la Facultad de Medicina en Colonia estableció la patente con el fin de proteger la fórmula. Composición misteriosa que transita un tiempo por la ciudad de Colonia, de donde recibe su nombre.

Esta loción de fragancia fresca y ligera era más un medicamento que un refinamiento olfativo y fue vendida en los dispensarios por boticarios del siglo XVIII.

Dicha agua milagrosa, de hecho, fue reconocida por sus virtudes curativas, tonificantes y revigorizantes. Concretamente, se podía uno rociar el cuerpo, utilizarla para abluciones, ponerla en su sopa, y algunos médicos el prescribían incluso ¡en inyección!

Cierto es que el Agua de Colonia se convirtió en una herramienta imprescindible para el cuidado personal en 1806, cuando Jean Marie Farina, heredero de la fórmula del “Aqua Mirabilis” de Gian Paolo Feminis, abrió en la célebre Rue Saint-Honoré de París una casa de perfumes en la que elaboró su propia agua de Colonia.

Una mezcla ya célebre de limón, bergamota, neroli (esencia de flores de naranjo), romero, tomillo y mirto, destinada a conquistar a la alta burguesía, a los intelectuales y a los artistas de la época e incluso al mismísimo emperador, algo que consiguió con creces.

De esta fórmula pasada a Jean-Marie Farina, fue donde nació la verdadera “agua de colonia Jean Marie Farina”.

Instalado en París en 1806, en la calle Saint-Honoré, el famoso perfumista, único titular del agua preciosa, se convirtió en el proveedor oficial de las grandes cortes de Europa.

Este perfume ligero y estimulante, descrito por su autor como «un bonito amanecer tras la lluvia, una composición de naranjas, limones, pomelos, bergamota, flores y frutas de mi país natal» tuvo como clientes VIP de la época a reyes, emperadores, músicos, etc. Para evitar copias, firmaba uno por uno sus frascos.

Uno de sus más fieles usuarios fue Napoleón Bonaparte, para el que se diseñó una botellita alargada de perfume para poder llevar en el interior de sus botas militares.

Este diseño se denominó el “rodillo-emperador”, una botella muy innovadora alargada para poder ser introducida en la bota. Así, desde lo alto de su caballo bien podría beneficiarse del singular aroma y la frescura de los cítricos del agua de colonia en todo momento.

Se dice que era la Emperatriz en persona quien confiaba a los cocheros la misión de introducir los rodillos en las maletas de viaje de su esposo.

Por azares del destino, en 1862 la fórmula terminó en manos de Armand Roger y de su cuñado Charles Gallet, casados con las herederas de Farina, adoptan la fórmula original del agua de colonia y un negocio próspero a nivel internacional. Es el nacimiento de Roger & Gallet.

El 10 de abril de 1862, Armand Roger y Charles Gallet, ambos perfumistas boticarios, crearon la Maison Roger&Gallet, que pronto se estableció como símbolo de autenticidad y calidad del perfume. Sus creaciones son resultado de una auténtica tradición, saber hacer, conocimiento, destilación de plantas y aceites esenciales únicos.

Ambos comenzaron una novedosa empresa: la de crear una línea completa de perfumería e higiene personal de alta calidad y cuidada imagen. Había nacido la alta perfumería.

El éxito fue inmediato, y pronto abrieron una boutique en París. En 1932 compraron un nuevo edificio en el elegantísimo Faubourg Saint-Honoré, sede de la firma y un lugar maravilloso conocido como “la boutique du bonheur”, la tienda de la felicidad.

Actualmente esta boutique se encuentra en la Rue Saint-Honoré, en el número 195, y merece la pena totalmente ir a conocerla en una visita a París, porque es una experiencia sensorial increíble: los olores, los colores, la luz, el tacto de sus productos…

Uno de sus productos más emblemáticos que hoy sigue siendo un best-seller, es el jabón redondo perfumado. Hasta entonces los jabones eran cuadrados u ovalados y, el sencillo hecho de que fuese redondo incrementaba considerablemente los costes de su fabricación. El procedimiento por el que se le añade la fragancia hace que dure años y años su delicado aroma. Además, el envoltorio de papel de seda se puede utilizar como papel perfumado.

Aparición de la profesión de perfumista

Paralelamente, en los siglos XVII y XVIII la perfumería triunfa en Versalles y las cortes de Francia, expandiéndose por Europa.

Emerge la profesión de perfumista y la industria de la perfumería de lujo en Grasse gracias en gran medida a los curtidores de piel, así como sus revolucionarios sistemas de extracción de aromas. Los guanteros y perfumistas son ya profesiones reguladas.

Es también la época de florecimiento de los botanistas y de las ciencias naturales y aparecen las primeras clasificaciones de olores en base a sus propiedades. Todo esto se acompaña de avances como la mejora del grado de pureza del alcohol, que propicia perfumes más delicados.

Montpellier y Grasse compiten por el cultivo de las hierbas medicinales y de flores como el clavel, violeta, lavanda, jazmín, rosa o tuberosa y mejoran las técnicas de extracción y de destilación.

Los comerciantes de Oriente aprovechan las propiedades protectoras de las hojas secas del patchouli para envolver las delicadas telas de seda, que quedan impregnadas con su olor, convirtiéndolas en sinónimo de calidad.

París continúa ostentando el título de capital mundial del perfume: museos donde encontrar la memoria de bálsamos y esencias perdidas, maestros perfumistas que aún crean aromas como si de música se tratara y casas de perfumes míticas.

Hasta este momento, los perfumes están compuestos únicamente por ingredientes de origen natural hasta que la alquimia hace posible la química de síntesis, creando moléculas que reproducen y recrean olores, provocando una revolución olfativa que permite la creación de nuevas fragancias.

La industrialización

En el siglo XIX, la industrialización convierte el agua de colonia en un producto de higiene universal, de gran consumo, al alcance de todas las clases. En esa época, el producto pasa a ser considerado un clásico y una feroz competencia se instala entorno a este elixir altamente lucrativo.

Cada perfumista presentará su propia agua de colonia, adornada con su toque personal: una nota de ámbar, una evocación de violeta, un recuerdo agrio.

Ya situados en el siglo XX, nace la perfumería moderna.

Pierre-François Pascal Guerlain crea la compañía que lleva su nombre y que hoy en día sigue siendo una de las marcas más emblemáticas de perfumes. Llega la Belle Époque.

Pasan los años y la gente se entusiasma por el «Art Nouveau».

François Coty, empresario perfumista y político francés aprende en una farmacia parisina y, tras estudiar en Grasse, vuelve a París, donde abre su laboratorio y crea su primer perfume, así como pequeños frascos de muestra. En 1917 lanza un perfume al que llama “Chypre”, popularizando la familia olfativa de dicho nombre.

François Coty, es considerado por muchos el padre de la perfumería moderna.

1920 – 1950 Nuevos tiempos. La mujer de esta alocada época encuentra en los perfumes con aldehído una frescura inédita. Los aldehídos aportan frescura y dinamismo a los perfumes. En 1921 nace Chanel Nº5, creada por Ernest Beaux para Coco, con diferentes teorías sobre su nombre, desde que son cinco los tipos de aldehídos que contiene, que es el quinto prototipo de frasco el que se aprobó, a que cinco es su número de la suerte. Tuvo un gran éxito entre la alta sociedad y su frasco con un bloque rectangular de líneas simples perdura hasta hoy.

A partir de este momento la creación y expansión de los perfumes es imparable, así como su continua evolución hasta día de hoy.

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