Natalia Rodrigálvarez es Medical Manager & MSL Manager en el Departamento Médico de Nutricia, la división de nutrición especializada de Danone. La compañía, pionera en la categoría de nutrición médica avanzada en España desde hace más de 125 años, ofrece soluciones nutricionales adaptadas a las necesidades de cada paciente en todas las etapas de la vida a partir de un amplio porfoli con más de 270 propuestas.
¿Por qué decidió ser bioquímica?
Desde muy joven, cuando empecé a estudiar Biología en el colegio, me fascinaba entender cómo funcionaba la vida a nivel más esencial: qué ocurre dentro de una célula, cómo una molécula desencadena un proceso completo o cómo una variación minúscula en el ADN puede transformar la biología de un organismo. Ya en el instituto descubrí la ingeniería genética y me atrapó por completo: la idea de poder estudiar, modificar y comprender la información que define a los seres vivos me parecía casi magia, pero una magia basada en rigor, evidencia y curiosidad científica.
¿Todavía hay mucho por hacer para que haya equidad entre hombres y mujeres en el ámbito científico? ¿Se necesita un Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia (11 de febrero)?
Creo que seguir avanzando hacia la equidad es importante, pero también pienso que a veces ponemos el foco únicamente en la diferencia entre hombres y mujeres y olvidamos algo esencial: la primera gran equidad que debemos conseguir es que la ciencia ocupe el lugar central que merece en nuestra sociedad.
Durante años, el trabajo científico, independientemente de quién lo realice, ha tenido y sigue teniendo una visibilidad limitada. La ciencia está presente muchas veces en segundo plano, sin el reconocimiento ni la comprensión social que necesita para avanzar y para impactar verdaderamente en la vida de las personas. Reconocer su valor, protegerla y acercarla a la ciudadanía es, en mi opinión, el desafío más urgente.
En ese contexto, sí creo que el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia sigue teniendo sentido, no solo para visibilizar el talento femenino, sino porque sirve como recordatorio colectivo de que la ciencia importa, de que es un motor de progreso que necesita ocupar un espacio más relevante en la conversación social y en la inversión que los gobiernos hacen en ella, porque sin ciencia no hay progreso de una sociedad. También es una oportunidad para dar visibilidad a referentes que históricamente no la tuvieron, y con ellas poder inspirar a las nuevas generaciones que desde la escuela podamos inducirles la curiosidad por la ciencia y su contribución a la sociedad a través de ejemplos, como la Dra. Margarita Salas. Su trabajo fue durante años poco conocido fuera del ámbito científico, pese a haber revolucionado la biología molecular. Entre sus aportaciones más influyentes destaca el descubrimiento y caracterización de la ADN polimerasa. Este descubrimiento, además de convertirse en la patente más rentable de la historia del CSIC, posicionó a España en el panorama biotecnológico internacional. Años después, resultarían determinantes en un momento crítico para la humanidad: la pandemia de la COVID-19. La capacidad de amplificar material genético de forma fiable y a partir de muestras muy limitadas fue un pilar fundamental que facilitó técnicas de diagnóstico molecular, incluida la realización de pruebas basadas en amplificación de ADN utilizadas en laboratorios de investigación y apoyo al desarrollo de métodos diagnósticos durante la crisis sanitaria. La contribución de Margarita Salas, décadas antes, influyó así en la infraestructura científica que permitió responder con mayor rapidez en un momento crucial para la sociedad.
¿Opina que la mujer tiene una perspectiva diferente para coordinar investigación y formación con Sociedades Científicas?
Creo que cada persona aporta una mirada única a la investigación y a la colaboración con Sociedades Científicas, más allá de su género. Ahora bien, también es cierto que hombres y mujeres somos biológicamente diferentes, y esa diversidad forma parte de nuestra riqueza como especie. Por ejemplo, hoy sabemos que los cerebros masculino y femenino presentan tendencias promedio distintas en su conectividad funcional, es decir, en cómo se comunican diferentes regiones del cerebro entre sí. No implica capacidades distintas ni superioridad de ningún tipo, pero sí confirma que la biología introduce matices naturales en la forma en que procesamos información o regulamos ciertas funciones.
No lo entiendo como una ventaja de un género frente al otro, sino como una combinación complementaria que, cuando se integra de forma equilibrada, genera equipos más sólidos, más sensibles a distintas realidades y más capaces de abordar retos complejos. Por eso, más que hablar de diferencias, prefiero hablar de diversidad. La ciencia avanza cuando se nutre de diversidad, combinando miradas diferentes, porque eso refleja exactamente cómo funciona el método científico: contrastar, reproducir, desafiar y enriquecer las ideas.
Usted lidera un equipo compuesto mayoritariamente por mujeres científicas. ¿Es un rara avis o es cada vez más habitual?
En mi sector no es algo excepcional; de hecho, es bastante habitual que los equipos en la industria farmacéutica/biotecnológica estén formados mayoritariamente por mujeres. La presencia femenina en áreas como la nutrición clínica, la bioquímica, la investigación biomédica o la gestión científica ha crecido de manera muy natural en los últimos años. Por ejemplo, en mi promoción universitaria éramos mayoritariamente mujeres, y eso se refleja en la composición de muchos equipos en la industria y en el ámbito sanitario como el equipo del que yo formo parte.
El equipo médico de Danone Nutricia al que pertenezco, que se centra en áreas terapéuticas como oncología, fragilidad o deterioro cognitivo leve, es diverso y está formado por muchas mujeres y también por hombres. Y es, precisamente, esta diversidad la que nos permite lograr un equilibrio enriquecedor y una visión más amplia.
¿Es la Desnutrición Relacionada Con la Enfermedad (DRE) un área cada vez más estudiada?
Sin duda, la Desnutrición Relacionada con la Enfermedad es un área cada vez más estudiada y reconocida como un problema de salud de enorme impacto clínico. En los últimos años ha habido un avance claro en investigación, en la forma de diagnosticarla y, sobre todo, en cómo entendemos la relevancia de detectarla de forma precoz. En los últimos cinco años, España ha tenido un papel especialmente destacado, impulsando proyectos centrados en un enfoque mucho más completo: la valoración morfofuncional. Se trata de ir más allá del peso o del IMC de un paciente para evaluar realmente cómo es su composición corporal por dentro: cuánto músculo tiene, cuánta grasa, cómo se comporta su funcionalidad y cuál es su riesgo real asociado a la enfermedad. Además, todo este avance está alineado con los criterios GLIM, que se han convertido en el estándar internacional para el diagnóstico de la desnutrición. Y es esto, precisamente, en lo que estamos poniendo el foco y nuestros esfuerzos, de la mano de los profesionales sanitarios, desde Danone Nutricia.
Además, en los últimos años se ha publicado cada vez más evidencia que muestra cómo abordar la DRE no solo mejora los resultados clínicos, sino que es una intervención altamente coste‑efectiva. Hoy sabemos que el tratamiento nutricional médico precoz e intensivo en pacientes con DRE reduce, no solo la mortalidad y las complicaciones, sino también los costes sanitarios asociados.
¿Cuáles son sus proyectos futuros?
En Danone Nutricia tenemos el propósito de identificar la DRE antes, mejor y de manera más homogénea en los distintos entornos clínicos para trabajar sobre la calidad de vida de los pacientes. Lo hacemos en tres grandes pilares: promoviendo la investigación en este campo; generando educación médica que ayude a acercar esta realidad a los profesionales sanitarios; y contando con el apoyo de las Sociedades Médicas que impulsan el conocimiento científico en España de la DRE.
Seguiremos trabajando con curiosidad, con espíritu científico y con la convicción de que la investigación en DRE puede transformar vidas y de que con ello podemos tener un impacto positivo en la sociedad.




