Farmaventas

72 farmaventas fv Complementos tran ya listos para usar en el mundo marino. En cambio, el mundo vegetal nos ofrece ALA. Cuando comes chía o lino, tu cuerpo tiene que transformar ese ALA en EPA y luego en DHA mediante un proceso enzimático en el hígado. El problema es que esta conversión es muy ineficiente: apenas se aprovecha entre un 5% y un 10% del total. Por eso, las fuentes vegetales son excelentes complementos, pero es difícil depender únicamente de ellas si buscas dosis terapéuticas de EPA/DHA. Para optimizar el menú semanal, estos son algunos consejos: • Pescados grasos (absorción directa y óptima): lo ideal es consumir entre 100g y 150g de pescado azul de 2 a 3 veces por semana. Prioriza especies pequeñas como sardinas, boquerones, anchoas o caballa, ya que al estar abajo en la cadena alimentaria acumulan muchos menos metales pesados que los pescados grandes como el pez espada o el atún rojo. El salmón sigue siendo una opción excelente (100 gramos te aportan ya más de 1 gramo de omega-3 puro). • Semillas y frutos secos (fuente de ALA): incorporar a diario una cucharada sopera de semillas de lino o chía (siempre molidas o hidratadas, si no, pasan enteras por el sistema digestivo) o tomar un puñado de 4 nueces ayuda a mantener la base vegetal cubierta. • Situaciones especiales: las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia necesitan un aporte extra de DHA (unos 200 mg adicionales) para el correcto desarrollo del sistema nervioso del bebé. Asimismo, personas con triglicéridos muy altos o enfermedades autoinmunes graves suelen recibir pautas de 1g a 3g diarios, cantidades que ya requieren el uso de suplementación y el seguimiento de un profesional médico. El descubrimiento de los ácidos grasos El descubrimiento de estos ácidos grasos ocurrió en 1929 gracias a los investigadores George y Mildred Burr, quienes se dieron cuenta de que las ratas enfermaban si se eliminaban por completo las grasas de su dieta. Sin embargo, el mundo médico no les prestó atención y los ignoró durante décadas al considerarlos simplemente un macronutriente más. Entre los años 1970 y 1980, dos investigadores daneses, Hans Olaf Bang y Jørn Dyerberg, viajaron a Groenlandia para estudiar a la población esquimal. Se dieron cuenta de que, a pesar de llevar una dieta extremadamente alta en grasas y apenas sin frutas ni verduras, los esquimales prácticamente no sufrían infartos ni enfermedades cardiovasculares. Al analizar su sangre y su alimentación, descubrieron que el secreto residía en las enormes cantidades de pescado azul, ballena y grasa de foca que consumían, alimentos saturados de ácidos grasos de cadena larga. A partir de la publicación de estos estudios, la comunidad científica internacional volcó su atención en el aceite de pescado, dando un cambio radical en el mercado de la suplementación hasta el día de hoy. Formatos disponibles en el mercado 1. Aceite de pescado estándar: extraído normalmente de pequeños peces marinos. Es el más común y versátil. 2. Aceite de algas (vegano): las algas son, de hecho, quienes fabrican originalmente el EPA y el DHA que luego se comen los peces. Este aceite es la opción perfecta para vegetarianos o veganos que buscan los ácidos grasos ya activos sin recurrir al pescado. 3. Aceite de Krill: el krill antártico es un pequeño crustáceo de la Antártida. Su

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