La presentación del Brújula de la sostenibilidad, los proyectos del sector en materia de envases y los retos frente a la nueva Directiva sobre el tratamiento de aguas residuales urbanas, marcaron el Foro de Sostenibilidad STANPA 2026, celebrado en el IQS de Barcelona el 15 de octubre.
“La sostenibilidad se ha convertido en un factor estructural de competitividad”, afirmó Francesc Giró i Fontanals, director de Planificación Estratégica y director en funciones del Área de Economía Circular de la Agència de Residus de Catalunya, que inició el evento y destacó también los “más de 140 requerimientos que afectan a los envases”.
A continuación, Jorge López, director legal y de sostenibilidad de STANPA, presentó a los asistentes la Brújula de la Sostenibilidad.
La sostenibilidad es “un eje estratégico para su futuro desde un punto de vista holístico y no como un ámbito aislado ni como una respuesta puntual a la regulación, sino como una visión global”. Por ello, se ha creado la Brújula de la Sostenibilidad, “una guía sectorial, un documento vivo”, afirmó Jorge López.
La Brújula aborda 6 temáticas clave: reporte de sostenibilidad, envases, emisiones, agua, residuos y biodiversidad y bioeconomía.
Los objetivos son aportar una hoja de ruta común para entender y anticipar los retos regulatorios y de sostenibilidad del sector cosmético, así como transformar la regulación en acción, conectando necesidades, prioridades e iniciativas sectoriales para impulsar una adaptación eficaz y competitiva.
La sostenibilidad debe integrarse en la estrategia empresarial y en el desarrollo de envases para responder a los objetivos de economía circular y a los requisitos del Reglamento europeo de envases. Esta fue una de las principales ideas de la primera mesa redonda en la que se abordaron los retos del ecodiseño, la reciclabilidad y la incorporación de materiales reciclados en los envases. En el debate, moderado por Lucia Jimenez (adjunta a la Dirección de Sostenibilidad de STANPA), participaron: Tania Porcel (Innovation Primary Packaging & Sustainability Manager ISDIN), Javier Amores (director de Circularidad de L'Oréal Groupe), Raquel Rodríguez (directora de oficina técnica y New Product Development Verescence) y Joaquim Cons (Head of Packaging Ecodesign de Puig).
Tania Porcel explicó que la diversidad de envases y materiales empleados en los productos de cosmética dificulta la adaptación a los nuevos requisitos. Para afrontarlo, ISDIN ha establecido objetivos centrados en la reciclabilidad, la reducción del plástico virgen y el uso de material reciclado.
En este sentido, destacó la importancia de incorporar la sostenibilidad desde las primeras fases de desarrollo, mediante la colaboración entre los equipos de innovación, diseño y marketing, así como con los proveedores. Porcel señaló que, como objetivos, “el primero es que los envases sean reciclables”. Los otros dos serían reducir la cantidad de material plástico virgen e incorporar más contenido reciclado. Para ello, se debe tener en cuenta el ecodiseño desde el inicio. También explicó que el proceso requiere evaluar tanto los nuevos lanzamientos como los productos que ya están en el mercado, con el fin de identificar oportunidades de mejora.
Entre los principales obstáculos, mencionó los plazos de adaptación, los costes y la necesidad de mantener la calidad del producto y los atributos de marca. Por ello, defendió la integración de los objetivos de sostenibilidad en las distintas áreas de la empresa.
Por su parte, Javier Amores contextualizó la estrategia de la compañía, que comenzó a desarrollar planes de sostenibilidad en 1995. Su programa L’Oréal for the Future, iniciado en 2020, establece objetivos para 2030 relacionados, entre otros aspectos, con la reducción del plástico virgen y del peso de los envases. La iniciativa se articula en cuatro pilares: transformación climática, protección de la naturaleza, circularidad e impacto positivo en las comunidades.
“A mí me gusta hablar de la circularidad como un pilar 360º, porque no podemos obviar el hecho de que la circularidad pasa también por recuperar el agua del proceso, o pasa también por poner en marcha procesos que te permitan utilizar energías renovables”, dijo Javier Amores.
Destacó el papel de los sistemas de refill para reducir materiales y avanzar hacia envases más fácilmente reciclables. La compañía utiliza, además, la herramienta SPOT para evaluar los nuevos lanzamientos según 15 criterios de sostenibilidad. «Lo que necesitamos es convencer al consumidor de que el refill es la solución», afirmó, al señalar que la adopción de estos sistemas requiere concienciación y cambios en los hábitos de consumo.
Por su parte, Raquel Rodríguez puso el foco en la descarbonización, puesto que el vidrio es reciclable infinitamente, pero requiere una gran cantidad de energía para su fabricación. Habló también del Glass Score, una herramienta que utilizan para medir la cantidad de vidrio utilizado (minimización), ya que el objetivo es que los frascos sean más ligeros, y de Recyc’Lab, que mide la reciclabilidad, puesto que, aunque el vidrio se recicla totalmente, puede reducirse si se añaden otros materiales o tintados oscuros.
Finalmente, Joaquim Cons destacó la necesidad de abordar los retos regulatorios mediante la colaboración entre empresas, proveedores y organizaciones sectoriales. En su intervención, señaló que la normativa europea puede convertirse en una oportunidad para establecer un marco común y acelerar la innovación en el packaging.
Ninguna compañía, por grande que sea, puede afrontar individualmente todos los desafíos relacionados con la sostenibilidad. Por ello, defendió la cooperación a lo largo de toda la cadena de valor y el intercambio de conocimientos para desarrollar materiales y soluciones que permitan mejorar los envases. «Debemos asociarnos», afirmó, al referirse a la necesidad de participar en iniciativas conjuntas y conocer las actuaciones de otras empresas. También insistió en ampliar la relación con los proveedores para obtener información sobre los materiales, los procesos de fabricación y su impacto ambiental.
Otro de los aspectos centrales de su intervención fue la importancia de disponer de datos fiables para identificar los productos con mayor impacto ambiental y establecer prioridades de actuación. En este sentido, advirtió de que esperar a disponer de todos los requisitos regulatorios antes de comenzar a trabajar podría bloquear la cadena de suministro ante la acumulación de solicitudes y cambios. «Hemos de ser más proactivos», señaló Cons, al referirse a la necesidad de avanzar en el análisis de datos y la mejora de los envases.
Por último, destacó que la colaboración y la innovación deben facilitar la adaptación del sector cosmético y de perfumería a los objetivos de circularidad, teniendo en cuenta las particularidades de sus envases y las exigencias regulatorias.
La segunda mesa redonda, moderada por Jorge López contó con: Val Díez (CEO de STANPA), Ismael Aznar (Socio de Medio Ambiente y Clima de PwC) y Ana Medina (Departamento Técnico de Farmaindustria).
Val Díez calificó la Directiva de Tratamiento de las Aguas Residuales Urbanas como un ejemplo de regulación deficiente y defendió la necesidad de revisar su aplicación a los sectores farmacéutico y cosmético. Según explicó, la normativa ha generado incertidumbres jurídicas, técnicas y económicas al plantear que ambas industrias financien un tratamiento cuaternario de las aguas residuales.
Díez recordó que el sector farmacéutico ya trabaja con elevados requisitos de calidad del agua, tanto en los procesos de fabricación como por su utilización como materia prima. Asimismo, cuestionó que se atribuya a estas industrias una responsabilidad desproporcionada en la contaminación del agua sin considerar adecuadamente otras fuentes de impacto.
«Debemos enfrentarnos a las regulaciones desde el sentido común y pensando que el que está en lo público también quiere hacer el bien común», afirmó.
La CEO de STANPA explicó que la asociación ha trabajado durante los últimos años con organizaciones sectoriales, expertos y representantes institucionales para analizar las implicaciones de la directiva. También destacó la importancia de los informes científicos y jurídicos para identificar lagunas en los estudios que sustentan la normativa.
En este sentido, defendió un enfoque integral de la contaminación y reclamó que las obligaciones económicas se establezcan a partir de datos contrastados y responsabilidades correctamente delimitadas.
«Queremos hablar de establecer bien las aportaciones a la microcontaminación y ver una solución europea», señaló.
Díez concluyó que el objetivo es evitar que la aplicación de la directiva avance sin resolver las dudas existentes y encontrar una solución sustentada en la evidencia científica y adaptada a las características de los sectores afectados.
A continuación, Ismael Aznar, de PwC, expuso las principales conclusiones de un estudio sobre los impactos jurídicos, técnicos y económicos de la Directiva de Tratamiento de las Aguas Residuales Urbanas. El análisis identifica debilidades en la atribución de responsabilidades a los sectores farmacéutico y cosmético, a los que se exige asumir al menos el 80% de los costes del nuevo tratamiento cuaternario.
Desde el punto de vista jurídico, Aznar cuestionó la aplicación del principio de “quien contamina paga”, al considerar que no se ha demostrado suficientemente la relación causal entre las sustancias y los sectores a los que se atribuye la contaminación. También señaló que la metodología empleada para identificar las fuentes de microcontaminantes y determinar su toxicidad presenta limitaciones.
«Hay que probar muy bien ese hilo conductor, esa conexión causal», afirmó, al referirse a la necesidad de justificar las obligaciones económicas de cada sector.
El experto destacó asimismo la incertidumbre sobre los costes de implantación, debido a la disparidad de tecnologías disponibles y a las diferencias entre instalaciones y países. Según las estimaciones recogidas en el estudio, el coste anualizado podría alcanzar los 252 millones de euros en España.
Aznar también cuestionó que los sectores afectados deban financiar las inversiones sin tener claramente definidas sus competencias en la planificación y gestión de los tratamientos. En su opinión, la regulación presenta aspectos pendientes de concreción que dificultan evaluar sus consecuencias.
El análisis concluye que es necesario revisar la atribución de responsabilidades y fundamentar las decisiones en datos científicos contrastados. Aznar señaló que las conclusiones de la abogada general del Tribunal de Justicia de la Unión Europea han respaldado algunas de las dudas planteadas sobre la justificación de las obligaciones impuestas a ambos sectores.
Finalmente, Ana Medina defendió que la industria farmacéutica comparte el objetivo de mejorar la calidad del agua y eliminar microcontaminantes, pero reclamó una aplicación proporcional y efectiva de la Directiva de Tratamiento de las Aguas Residuales Urbanas.
La representante de Farmaindustria recordó que los medicamentos están sujetos a estrictos requisitos de calidad, seguridad y eficacia, por lo que reformular su composición por motivos medioambientales no es una opción sencilla. Además, al estar sus precios intervenidos, las compañías no pueden repercutir los costes adicionales, lo que podría comprometer la viabilidad de algunos medicamentos maduros.
«Compartimos un objetivo, pero nos preocupa la manera de articularlo», señaló. Medina reclamó que las responsabilidades económicas se fundamenten en datos contrastados: «lo que les corresponde, ni más ni menos».
También pidió certezas regulatorias, una evaluación de las instalaciones de tratamiento y que las empresas no tengan que financiar infraestructuras anteriores ni actuaciones ajenas al ámbito de la directiva. Respecto a la contribución económica, advirtió: «para nosotros el 80% es un techo máximo, no es una base que se puede implementar».
Por último, subrayó la necesidad de coordinar las políticas medioambiental, sanitaria e industrial para preservar la competitividad europea, atraer inversión y evitar problemas de suministro. Como conclusión, defendió «proteger el agua y garantizar el acceso a los medicamentos, y una implementación equilibrada, viable y coherente con métodos medioambientales, sanitarios y nutricionales».
Posteriormente, Diana March (Chief Sustainability and Technical Compliance Officer Eurofragance), habló sobre biodiversidad, así como de la hoja de ruta y los objetivos de sostenibilidad de la empresa, destacando el premio VPC Green Beauty Award a la Mejor Materia Prima Sostenible que consiguió Olivante.
Laia Altés, Head of Innovation, Marketing and Sustainability de Natura Bissé, ofreció una amena ponencia sobre “liderar el cambio en sostenibilidad empresarial”.
Finalmente, Val Diez cerró el evento, agradeciendo a los ponentes su participación y su sensación de acierto y estímulo. “Es un orgullo representar a este sector”, concluyó.