Se ha celebrado en Madrid la XVIII Jornada de Seguridad del Paciente en Atención Primaria, organizada por una veintena de sociedades científicas y organizaciones profesionales.
La Dra. Edurne Ciriza Barea, de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), ha participado en el taller “La salud mental de la madre y su repercusión directa en la seguridad de los y las lactantes”, en el que se han dado cita una veintena de profesionales sanitarios, entre pediatras, médicos de familia y profesionales de enfermería.
El taller, realizado en colaboración con la SEPEAP y la AEC, ha sido impartido por Edurne Ciriza Barea y Elia Oliva González, especialista en Medicina Familiar y comunitaria, ambas Consultoras internacionales de lactancia certificadas (IBCLC) y colaboradoras docentes del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal (IESMP), junto con María Teresa López Nogales, enfermera especialista en Enfermería Familiar y Comunitaria. En él se ha abordado la relación entre salud mental materna, lactancia y bienestar del bebé y se han evidenciado oportunidades de detección y manejo colaborativo de problemas de salud mental perinatal.
Los problemas de salud mental durante el embarazo y el primer año después del nacimiento son frecuentes. La Dra. Ciriza ha explicado que, de acuerdo la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada cinco mujeres presenta algún problema de salud mental en este periodo. Entre ellos se encuentran la depresión, la ansiedad, el trastorno obsesivo-compulsivo, el estrés postraumático relacionado con el parto, el trastorno bipolar y la psicosis puerperal, además de posibles descompensaciones de problemas de salud mental previos.
Estas situaciones pueden afectar al bienestar de la mujer, pero también a su capacidad de autocuidado, a los cuidados del bebé, a la interacción entre ambos y al establecimiento o mantenimiento de la lactancia. Del mismo modo, algunos problemas de lactancia pueden ser el reflejo de problemas de salud mental materno o ejercer de estresores sobre ellos y ofrecen una ventana de oportunidad para su detección e intervención coordinada. Por este motivo, la OMS recomienda integrar la detección y atención de los problemas de salud mental perinatal en los servicios que atienden habitualmente a madres y bebés.
“Cuidar la salud mental de la madre, proteger la relación madre-bebé y apoyar una lactancia satisfactoria cuando es deseada son también intervenciones de seguridad del paciente”, ha señalado la Dra. Ciriza. Uno de los mensajes centrales de la intervención de la pediatra de AEPap ha sido la necesidad de evitar planteamientos automáticos de separación ante la coexistencia de problemas de salud mental y lactancia, pues la existencia de un trastorno mental no constituye, por sí sola, una indicación para interrumpir la lactancia ni la incapacidad para el cuidado. De hecho, la mayoría de tratamientos de salud mental son compatibles con la lactancia y la separación es en sí misma un factor que atenta contra el bienestar materno-infantil y empeora la salud mental de ambos.
La lactancia materna es una herramienta fisiológica que ayuda a establecer el vínculo y mejora la salud mental materna. Sin embargo, “cuando existen dolor, dificultades importantes o una experiencia muy alejada de las expectativas de la mujer, puede convertirse en una fuente añadida de sufrimiento, culpa o estrés”. La lactancia disfrutada debería ser considerada el “gold standard” en salud. Los sistemas sanitarios deben trabajar activamente para que la lactancia pueda desarrollarse como una experiencia de salud y bienestar para la díada, por su impacto en la salud materna, infantil y global.
“El objetivo no debe ser mantener la lactancia a cualquier precio ni interrumpirla preventivamente ante un problema de salud mental. Hay que conocer qué significa esa lactancia para cada mujer y conseguir que la alimentación y los cuidados del bebé sean compatibles con su recuperación y su bienestar”, explica la pediatra.
La Dra. Ciriza ha incidido asimismo en que tratar un problema de salud mental de la madre no significa necesariamente tener que abandonar la lactancia.
La intervención ha destacado especialmente el papel que puede desempeñar la Atención Primaria. Durante los primeros meses de vida, el pediatra, la enfermería pediátrica y la matrona mantienen contactos periódicos con el bebé y su familia que permiten valorar mucho más que el peso o la alimentación.
Las consultas ofrecen también la oportunidad de identificar dificultades en la lactancia, alteraciones en la interacción madre-bebé, cambios en el comportamiento o la regulación del lactante y posibles signos de sufrimiento materno que pueden haber pasado inadvertidos en otros ámbitos asistenciales. “Preguntar a una madre cómo se encuentra también forma parte de la protección de la salud de su bebé. El contacto continuado que tenemos en Atención Primaria nos permite detectar señales de alerta y contribuir a que esa madre y esa familia reciban apoyo cuanto antes”, afirma la especialista de AEPap.
Esta atención, ha recalcado, no corresponde a un único profesional. Requiere una actuación coordinada entre Pediatría, Medicina de Familia, Matronas, Enfermería, Trabajo Social y Salud Mental para construir una red asistencial capaz de identificar de manera precoz las dificultades, valorar conjuntamente los factores de riesgo y protección y ofrecer una respuesta adaptada a las necesidades de cada familia.