La inflamación es una respuesta natural del organismo frente a lo que el organismo percibe como un ataque. El sistema inmune va a organizar la defensa a este ataque enviando miles de células al lugar donde se está produciendo el daño para evitar que este se vuelva más grave. La inflamación, por tanto, sería todo el cúmulo de células en esa parte determinada del cuerpo.
La gran mayoría de personas, en algún momento de nuestra vida, sufriremos inflamación crónica y esto, a largo plazo, puede producir el desarrollo de patologías crónicas. Por ello, es muy importante saber identificar los síntomas de la inflamación y tratarla cuanto antes.
Saber si tienes inflamación no es fácil, porque, realmente, no lo vemos, entonces… ¿cómo sabemos que tenemos inflamación? ¿Qué es lo que está haciendo que nos inflamemos? Y lo más importante, ¿cómo puedo evitarlo?
El cuerpo es sabio y va mandando señales que tenemos que saber interpretar como una posible inflamación. Por ejemplo:
- Cansancio constante. Nos despertamos cansados, el día a día nos cuesta y tenemos la sensación continua de no haber descansado.
- Insomnio. Nos cuesta mucho conciliar el sueño y mantenerlo durante la noche.
- Falta de concentración.
- Problemas intestinales como diarrea, estreñimiento, gases…. E eto lo podemos empezar a normalizar y no, estar siempre así, no es normal.
- Infecciones recurrentes, como son las de orina o la candidiasis.
- Dolores de cabeza frecuentes.
- Desajustes hormonales como son retraso en la menstruación, caída del cabello, menopausia precoz…
Tener estos síntomas de manera puntual no es un problema. El problema es cuando son habituales y comienzan a pasar factura en nuestro día a día.
Hay muchas causas que podrían ser las responsables de la inflamación, desde exceso de medicación, sedentarismo, estrés y, por supuesto, la alimentación.
Tenemos la idea errónea de que comer poco y hacer ejercicio son las claves para poder adelgazar, pero eso no es suficiente y menos a largo plazo. Debemos tener en cuenta el tipo de alimento que ingerimos, sus propiedades y la energía que aporta y no solo cuántas calorías tiene. ¿Y esto que tiene que ver con la inflamación? Pues que dependiendo de la inflamación que tengamos, podremos absorber una cantidad u otra de grasas de las calorías que consumimos, por eso es tan importante la calidad de los alimentos que ingerimos.
Vamos a verlo con un ejemplo:
Una manzana y unas natillas tienen las mismas calorías, pero por supuesto, sabemos que, como alimentos, no tienen nada que ver. La manzana tiene muchas propiedades y además tiene efectos prebióticos sobre la flora intestinal, alimentando a todas las bacterias buenas y creando de esta manera una desinflamación natural.
Las natillas, sin embargo, cargaditas de azúcar, solo alimentan a las bacterias malas, haciendo que crezcan y aumentando de esta manera nuestra inflamación y, por tanto, haciendo que la pérdida de peso sea bastante más complicada.
Con este pequeño ejemplo, podemos ver lo importante que es la alimentación en nuestra microbiota, pudiendo aumentar o disminuir la inflamación. Una microbiota equilibrada mantiene a raya la inflamación.
Antes de hablar en profundidad de las distintas cepas de bacterias, vamos a recordar qué es la microbiota.
La microbiota es el conjunto de microorganismos que conforman nuestro sistema digestivo. En su gran mayoría son bacterias. Podemos diferenciar entre las bacterias “buenas” y las bacterias “malas” y es muy importante que mantengan su equilibrio para que todas puedan cumplir sus funciones y mantener nuestra salud.
¿Cuáles son sus funciones?
- Las bacterias se encargarán de defender nuestro organismo de microorganismos que puedan poner en riesgo nuestra salud.
- Influyen en la respuesta inflamatoria del cuerpo. Este papel es importantísimo en el desarrollo de enfermedades y alergias.
- Van a producir vitaminas del grupo B como la B12 y ácidos grasos de cadena corta, vitamina K y folatos.
- Interfieren en la absorción de los nutrientes e influyen también en las calorías ingeridas.
Como vemos, son muy importantes para nuestra salud y es por ello que debemos cuidarlas y mantener su equilibrio mediante los buenos hábitos, sobre todo alimenticios. Si no alimentamos correctamente a las bacterias “buenas”, estas mueren, dejando que las bacterias “malas” ocupen mayor espacio, lo que provoca problemas intestinales debidos a este desequilibrio.
- Streptococcus thermophilus: esta cepa bacteriana va a tener diferentes acciones.
• En cuanto a la salud digestiva va a mejorar la digestión de la Lactosa, reduciendo las molestias a las personas que padecen intolerancia.
• Es eficaz a la hora de controlar las diarreas agudas causadas por bacterias patógenas.
• Favorece el tránsito intestinal, por lo que nos ayuda a aliviar el estreñimiento.
• Reduce la inflamación crónica porque favorece la integridad de la mucosa intestinal.
- Bifidobacterium animalis:
• Facilita la digestión, mejora el tránsito intestinal y reduce la hinchazón.
• Actúa como barrera natural frente a bacterias patógenas, fortaleciendo la barrera intestinal.
- Lactobacilus acidophilus:
• Alivia los gases, la hinchazón y los calambres derivados del estreñimiento.
• Es eficaz en el tratamiento de las diarreas agudas y de las que son derivadas de la toma de antibióticos.
• Además, ayuda a producir lactasa, facilitando así la digestión de los lácteos.
- Lactobacillus plantarum:
• Ayuda en la descomposición de alimentos, reduce los gases y por tanto la hinchazón y regula el tránsito intestinal.
• También actúa permeabilizando las paredes intestinales.
• Produce sustancias que bloquean bacterias patógenas como E.coli o la Salmonella.
- Lactobacillus gasseri:
• Mejora la función intestinal aliviando síntomas como la diarrea, los gases y el estreñimiento.
• Restaura la flora intestinal tras la toma de antibióticos.