Análisis de piel en la farmacia: cómo la imagen multiespectral y la inteligencia artificial refuerzan el consejo dermofarmacéutico

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Los dermoanalizadores como Spectra llevan la imagen multiespectral al mostrador y nos permiten pasar del «¿qué tipo de piel tienes?» a una recomendación apoyada en imágenes que el paciente puede ver y entender.
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Figura 1. Spectra Pro AI: análisis facial con ocho tipos de luz, manípulo de microscopía para piel y cuero cabelludo, y pantalla para revisar los resultados con el paciente.

En el mostrador, la conversación habitual sobre el tipo o el estado de la piel suele empezar igual: «tengo la piel mixta», «me están saliendo manchas», «la noto tirante». Es una descripción sincera, pero subjetiva. El paciente cuenta lo que ve en el espejo del baño, con la luz que tiene en casa y con la información que ha obtenido en redes sociales o de personas cercanas. Y el farmacéutico, con su formación y su ojo clínico, tiene que convertir esa impresión en una pauta.

Este proceso ha funcionado hasta ahora, pero tiene limitaciones importantes: muchas de las alteraciones que condicionan la elección de una rutina cosmética no se ven a simple vista o se confunden entre sí. Una mancha que no se explica por el daño solar acumulado que todavía no ha aflorado; una piel sensible en la que no se ve la vascularización que produce esa rojez tenaz y persistente; una actividad sebácea excesiva. Y lo que no se ve, cuesta explicarlo. El paciente puede irse convencido con la recomendación o, por falta de datos, no estar conforme y rechazarla, y el tiempo invertido por la farmacia no da fruto.

La dermofarmacia es una de las categorías con más peso en la farmacia: solo el cuidado facial femenino facturó 237 millones de euros entre enero y noviembre de 2025, según IQVIA, con un crecimiento del 1,2 % respecto al año anterior. Es también una de las más disputadas, porque perfumerías, grandes superficies y tiendas online compiten por el mismo cliente y segmentan el mercado en grupos cada vez más pequeños. Pero la farmacia tiene algo de lo que los demás carecen: el consejo. Y el consejo gana fuerza cuando se apoya en algo que el paciente puede ver.

Qué es un dermoanalizador

Un dermoanalizador es un equipo que fotografía el rostro con distintos tipos de luz, en condiciones controladas, y analiza esas imágenes con un software desarrollado expresamente para ello; en el caso de la gama Spectra, apoyado en la inteligencia artificial. Los más completos, como Spectra Pro AI, combinan en un mismo equipo el análisis facial con ocho tipos de luz, la microscopía de la piel y del cuero cabelludo, así como el seguimiento de cada paciente, una función esencial para hacer comparaciones fiables. En menos de un minuto, el paciente obtiene una serie de fotografías que dan al farmacéutico las herramientas para establecer la pauta correcta.

La clave no está tanto en la resolución de la cámara como en la estandarización: siempre la misma distancia, la misma iluminación y la misma posición. Eso aporta dos cosas que la observación visual no puede dar. En primer lugar, separar información que a simple vista se mezcla. En segundo lugar, comparar la piel en distintos momentos en igualdad de condiciones. Con Spectra Pro AI, por ejemplo, el paciente ve, lado a lado, su piel en la primera visita y en la revisión y puede valorar por sí mismo si su rutina ha sido eficaz.

Un dermoanalizador no sustituye el criterio del farmacéutico: lo hace visible. Cuando el paciente ve en su propia imagen el daño solar que aún no ha aflorado o la rojez que hay bajo la superficie, entiende por qué le recomendamos cada producto y vuelve para comprobar si ha funcionado

¿Por qué son tan importantes los distintos tipos de luz?

La piel no devuelve la luz de forma uniforme. Una parte se refleja en la superficie, otra penetra y se dispersa, y otra la absorben los cromóforos, sobre todo la melanina y la hemoglobina. Si cambiamos el tipo de luz y filtramos lo que vuelve a la cámara, podemos elegir qué capa o qué componente de la piel queremos observar.

• Luz blanca. Es la imagen de referencia: textura, arrugas visibles, poros y lesiones aparentes. Muestra lo mismo que el espejo, pero con una iluminación homogénea.

• Luz polarizada paralela. Realza el brillo y el relieve de la superficie: textura, líneas finas y exceso de grasa.

• Luz polarizada cruzada. Elimina el reflejo superficial y deja ver lo que hay en la siguiente capa. Las rojeces difusas y las manchas aparecen con más contraste y sin el brillo que las enmascara.

• Luz ultravioleta y luz de Wood. La luz de Wood emite ultravioleta A entre 320 y 400 nm, con un pico en 365 nm. Con ella, la pigmentación epidérmica se marca con bordes nítidos, mientras que la dérmica apenas se acentúa. Además, las porfirinas que produce Cutibacterium acnes dentro del folículo emiten una fluorescencia naranja rojiza (Dyer y Foy, 2022). También es eficaz para comprobar si el fotoprotector se ha extendido de forma homogénea.

• Mapas de rojo y de marrón. A partir de las imágenes polarizadas, el software separa la señal de la hemoglobina (vascularización, eritema, sensibilidad) de la de la melanina (manchas, fotodaño). Así podemos distinguir si una marca es un eritema postinflamatorio, de origen vascular, o una hiperpigmentación postinflamatoria, de origen melánico: una pregunta decisiva para elegir el activo.

• Daño solar acumulado. Combinando la luz ultravioleta con el mapa de melanina se hace visible el fotodaño que todavía no ha salido como pigmentación. Suele ser la imagen que más impacta al paciente y la que mejor justifica la fotoprotección diaria.

Un apunte práctico: algunos cosméticos, restos de maquillaje, cremas con partículas que dispersan la luz o incluso el sudor también emiten fluorescencia bajo la luz ultravioleta. Por eso la captura debe hacerse siempre con la piel limpia y seca.

Figura 2. El mismo rostro con cuatro tipos de luz: luz blanca, luz polarizada, ultravioleta (función barrera) y luz de Wood...

Figura 2. El mismo rostro con cuatro tipos de luz: luz blanca, luz polarizada, ultravioleta (función barrera) y luz de Wood. Cada imagen muestra información distinta de la piel. Imágenes reales tomadas con Spectra Pro AI y publicadas con el consentimiento de la paciente.

No compares al paciente con nadie: compáralo consigo mismo en la próxima revisión. Lo que no se ve, cuesta explicarlo. Lo que se ve, se entiende

El papel de la inteligencia artificial

El software con inteligencia artificial detecta, clasifica y almacena la información. Es capaz de cuantificar el número de poros, por tamaño, en la zona frontal y en los laterales del rostro, medir el área ocupada por manchas y rojeces, estimar la rotura de fibras de colágeno y comparar los resultados con una imagen de referencia por edad y etnia.

Pero conviene tener claro lo que no hace: no diagnostica. Un algoritmo puede contar un lunar o una peca como una lesión de acné, o leer las pestañas o una sombra como una arruga. Los datos necesitan

contexto: la anamnesis, la observación directa y el criterio profesional. Dicho de otra forma, la IA mide y el farmacéutico interpreta.

Del análisis al consejo: un protocolo en seis pasos

Para que el análisis se traduzca en un buen consejo farmacéutico, y no en una sucesión de imágenes llamativas, conviene seguir siempre el mismo orden.

1. Anamnesis. Motivo de consulta, rutina actual, tratamientos dermatológicos, medicamentos habituales, con especial atención a los fotosensibilizantes (retinoides orales, algunas tetraciclinas), embarazo o lactancia, alergias y hábitos de exposición solar, así como hábitos de vida, cambios recientes en la rutina y patologías generales.

2. Consentimiento y captura estandarizada. Antes de nada, no olvidemos el consentimiento informado para tomar y guardar las imágenes. Después, piel limpia y seca, sin maquillaje ni crema, pelo recogido y siempre la misma posición.

3. Lectura junto al paciente. Empezar por la luz blanca, que el paciente reconoce, y pasar después a lo que no ve. Primero lo que le preocupa; después, lo que hemos encontrado.

4. Priorización. No más de dos o tres objetivos. Un informe con veinte parámetros en rojo abruma; una prioridad clara se recuerda.

5. Pauta. Una rutina sencilla de mañana y noche, con el motivo de cada producto ligado a una imagen concreta.

6. Revisión. Es fundamental que el paciente salga de la farmacia con la cita de revisión ya fijada. En adultos, el periodo mínimo suele ser de cuatro a seis semanas, el tiempo que necesita la epidermis para renovarse y mostrar resultados.

Cómo explicar los resultados: frases que ayudan

Las imágenes nos facilitan buena parte del trabajo; el resto depende de cómo las contemos. Estas frases funcionan bien en consulta porque relacionan lo que el paciente ve con lo que le recomendamos:

• Daño solar. «Esto todavía no es una mancha: es su precuela, daño solar acumulado. Si lo protegemos ahora, evitaremos que salga en los próximos años.»

• Rojeces. «Tu rojez no es solo superficial. Este mapa muestra más vascularización en mejillas y nariz; por eso te propongo una rutina calmante, y no el exfoliante por el que venías.»

• Poros y acné. «Estos puntos naranjas indican actividad bacteriana dentro del poro. Vamos a trabajar la limpieza y la regulación del sebo, y en la revisión comprobaremos cuánto han disminuido.»

• Seguimiento. «No te voy a comparar con nadie: te voy a comparar contigo en la próxima revisión.»

Igual de importante es lo que conviene evitar: el tono alarmista, usar la «edad de la piel» como argumento de venta y prometer resultados. El objetivo es que el paciente entienda su piel, no que se asuste.

Figura 3. Mapa de rojeces: el software aísla la señal de la hemoglobina y hace visible la vascularización que no se aprecia a simple vista...

Figura 3. Mapa de rojeces: el software aísla la señal de la hemoglobina y hace visible la vascularización que no se aprecia a simple vista.

Límites del análisis y cuándo derivar

El dermoanalizador es una herramienta de asesoramiento cosmético, no de diagnóstico, y este es un punto innegociable. Si durante el análisis observamos signos de alarma, debemos derivar al dermatólogo: lesiones pigmentadas que cambian de tamaño, forma o color, con bordes irregulares, que sangran o pican; acné inflamatorio moderado o grave, o con tendencia a dejar cicatriz; rosácea sin diagnosticar o con síntomas oculares; sospecha de infección, o una dermatitis que no mejora con el cuidado habitual. Con el consentimiento del paciente, las imágenes pueden acompañar la derivación y facilitar la primera visita. Tampoco hay que olvidar la protección de datos. Las fotografías del rostro son datos personales y pueden revelar información sobre la salud. Hace falta un consentimiento explícito, informar de la finalidad y del tiempo de conservación, y no usar nunca las imágenes en redes sociales o en materiales de la farmacia sin una autorización escrita específica.

Cómo integrarlo en el día a día de la farmacia

Las claves para desarrollar un servicio basado en dermoanalizadores pasan por:

• Un servicio con nombre y agenda. Citas de 20 a 30 minutos en un espacio con cierta privacidad. Lo que se agenda se valora más que lo que se improvisa en el mostrador.

• Un equipo formado. Al menos dos personas que dominen la captura y la interpretación, para que el servicio no dependa de una sola.

• Campañas por estación. Fotoprotección y daño solar en primavera, manchas tras el verano, sensibilidad y rojeces en invierno, y semanas dedicadas al acné, tanto adolescente como de la mujer adulta.

• Medir para mejorar. Número de análisis, porcentaje de pacientes que se llevan la pauta y porcentaje que vuelve a la revisión. Este último es el mejor indicador de fidelización.

Conclusión

La tecnología no sustituye al consejo farmacéutico: lo apoya, lo mejora y permite ver lo que antes era invisible. Cuando el paciente ve en su propia imagen el fotodaño que aún no ha aflorado o la rojez que hay bajo la superficie, entiende por qué le recomendamos cada producto, se adhiere mejor a la rutina y vuelve para comprobar si ha funcionado, lo que además aumenta el tráfico en la farmacia.

Bien implementado, con un protocolo estandarizado, con criterio y sabiendo cuándo derivar, el uso de dermoanalizadores refuerza lo que ya hace de la farmacia un espacio de confianza: un profesional sanitario que escucha, observa y acompaña. Ahora, además, con datos que lo confirman.

Bibliografía

1. Dyer JM, Foy VM. Revealing the unseen: a review of Wood’s lamp in dermatology. J Clin Aesthet Dermatol. 2022;15(6):25-30.

2. IQVIA. Evolución del mercado de la farmacia española con datos de noviembre de 2025. IQVIA España; 2026.

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