Según el I Observatorio Iraltone de Salud Capilar by Cantabria Labs, un estudio sobre salud capilar impulsado por Cantabria Labs para generar conocimiento sobre la realidad de la salud capilar en España, 3 de cada 4 españoles han sufrido caída capilar, pero solo el 30% ha consultado a un profesional.
Para ello, se ha realizado una encuesta a una muestra significativa de la población española (1.500 sujetos), que ayuda a comprender cómo viven las personas la relación con su pelo, cuáles son sus preocupaciones, qué información manejan y qué impacto tiene la salud capilar en su bienestar y calidad de vida.
En un evento celebrado el 26 de octubre en Madrid, Juan Matji, presidente de Cantabria Labs, y el Dr. Juan José Andrés Lencina, Medical Affairs director de Cantabria Labs, han analizado los resultados junto al Dr. Sergio Vañó, director de la Unidad de Tricología del Hospital Universitario Ramón y Cajal y presidente de la European Hair Research Society (EHRS), la Dra. Claudia Bernárdez, dermatóloga experta en tricología y fundadora de la Clínica AB Derma, y Concha Hidalgo, psicóloga especializada con más de 20 años de experiencia en el impacto emocional de los cambios de imagen.
El 26% de los españoles declara haber sufrido caída capilar recientemente. Entre quienes la han sufrido, el 29% la califica de marcada o muy marcada y el 45%, de moderada. Es la principal preocupación capilar para el 32% de la población.
Esa preocupación, sin embargo, no siempre lleva a pedir ayuda: solo el 30% ha consultado a un profesional y el 59% nunca ha recibido un diagnóstico. La dificultad para reconocer cuándo actuar explica parte de esta brecha. Aunque el 78% identifica como señales de alerta una caída persistente, repentina o con pérdida visible de densidad, solo el 36% sabe distinguirla de una caída normal. Entre los hombres, el 41% admite no saber diferenciarlas.
“Uno de los principales retos en la educación sobre salud capilar es fomentar una mayor cultura de prevención, enseñar a reconocer las señales de alerta y transmitir que los problemas relacionados con el pelo pueden tener causas muy diversas y requieren un abordaje individualizado y personalizado. Por eso, iniciativas como el Observatorio Iraltone by Cantabria Labs son fundamentales para generar conciencia, promover la educación capilar y fomentar decisiones basadas en la evidencia científica”. ha señalado el Dr. Sergio Vañó.
Entre quienes no consultan, el 48% de los hombres resta importancia al problema. En el caso de las mujeres, pesa más no saber a quién acudir, una dificultad señalada por el 34%, junto con el coste y los tiempos de espera.
“La caída capilar no responde a una única causa ni se manifiesta de la misma manera en todas las personas. Identificar el patrón, la evolución y las circunstancias de cada caso es esencial para orientar adecuadamente el abordaje y evitar soluciones generalistas que pueden no responder a las necesidades reales del paciente”, ha indicado la doctora Claudia Bernárdez.
Los profesionales sanitarios son la principal referencia para la población: el 64% confía sobre todo en dermatólogos o médicos para recibir consejo. A la hora de elegir una solución, el criterio más valorado es la eficacia demostrada, citado por el 80%. Entre quienes sí han buscado ayuda, el 58% acudió a un dermatólogo o tricólogo; en cambio, el 17% de los hombres optó por un centro capilar no dermatológico.
También existe una clara demanda de herramientas para actuar: el 69% pide información clara y fiable, y el 67% participaría en chequeos capilares gratuitos. La continuidad de los tratamientos es otro reto, ya que los resultados lentos o insuficientes son la principal causa de abandono para el 36% de los hombres y el 26% de las mujeres.
El impacto de la caída va más allá del cabello. El 50% señala que el pelo condiciona cómo se ve y se siente, mientras que uno de cada tres afirma que influye en su vida social. La experiencia, además, no es igual para hombres y mujeres.
En las mujeres, la pérdida de densidad puede presentarse de forma difusa y pasar inadvertida como alopecia. El 50% relaciona la salud capilar con los cambios hormonales y el 60%, con el estrés, pero solo el 29% reconoce antecedentes familiares. Esta situación también tiene un impacto emocional: el 40% teme que empeore y una de cada diez evita fotos o situaciones sociales por su pelo.
En los hombres, el 55% reconoce antecedentes familiares. Sin embargo, el 61% cree que la pérdida masculina se normaliza demasiado, el 55% admite que le cuesta diferenciar un cosmético, un complemento alimenticio y un tratamiento médico, y el 46% nunca ha utilizado una opción específica para la caída.
“El cabello forma parte de la imagen con la que nos reconocemos y nos presentamos ante los demás. Por eso, cuando cambia o se pierde, el impacto no es superficial: puede afectar a la seguridad personal, a la forma de relacionarnos y a situaciones cotidianas como hacerse una foto. Dar espacio a esta preocupación y abordarla sin minimizarla es también una forma de cuidar el bienestar emocional”, ha explicado la especialista Concha Hidalgo.