por Aboca
14/09/2026
El sistema inmunitario es una compleja red de órganos, tejidos, células y moléculas que trabajan juntos para proteger al organismo contra agentes potencialmente dañinos, como virus, bacterias y otros microorganismos, y para detectar y eliminar células anormales, incluidas las cancerosas. Su función fundamental es distinguir lo que pertenece al organismo (“self”) de lo que es ajeno (“non-self”). Cuando reconoce moléculas o estructuras extrañas, llamadas antígenos, activa las respuestas de defensa específicas para neutralizarlas y contribuir al mantenimiento del estado de salud.
La respuesta inmune innata (o natural) es la primera línea de defensa, presente desde el nacimiento. Incluye células como los macrófagos y los killers naturales, mediadores de la inflamación y barreras fisicoquímicas, incluidas las membranas mucosas respiratorias y bucales. Junto a la inmunidad innata actúa la inmunidad adaptativa (o adquirida), que se desarrolla después de la exposición a agentes externos dañinos. Basada principalmente en los linfocitos T y B, es específica y capaz de recordar los patógenos ya encontrados, respondiendo más eficazmente a los contactos posteriores.
Los trastornos respiratorios estacionales son una de las manifestaciones más comunes de los períodos en que el organismo está más expuesto a infecciones. Sin embargo, el papel del sistema inmunitario va mucho más allá de la protección contra virus y bacterias. Un sistema inmunitario eficaz contribuye al bienestar general de la persona, ya que apoya su capacidad para hacer frente a períodos de intenso esfuerzo físico o mental, favorece la recuperación después de una enfermedad y ayuda a mantener el equilibrio fisiológico del organismo.
La eficiencia del sistema inmune no es una característica inmutable, sino el resultado de un equilibrio dinámico entre los diferentes sistemas del organismo. Este equilibrio puede estar influenciado por numerosos factores, muchos de ellos relacionados con los hábitos diarios y el estilo de vida.
Estrés excesivo
El estrés prolongado activa el eje hipotálamo-pituitario-surrenal con liberación persistente de cortisol, una hormona que puede alterar la respuesta inmune y aumentar la susceptibilidad a las infecciones.
Sueño insuficiente
Durante el sueño se producen citoquinas que participan en la respuesta a las infecciones y en el control de la inflamación. La privación crónica del sueño se asocia, en varios estudios de observación, con una mayor probabilidad de desarrollar infecciones respiratorias.
Nutrición y deficiencias de micronutrientes
Las vitaminas y los minerales desempeñan un papel esencial en el buen funcionamiento de las defensas. Las deficiencias de zinc, selenio, vitamina D, vitamina C y otros micronutrientes pueden afectar la eficacia del sistema inmunitario.
Inmunosenescencia
A medida que envejecemos, el sistema inmunitario experimenta un proceso natural de cambio conocido como inmunosenescencia. Con el tiempo, algunos mecanismos de defensa se vuelven menos eficientes: por ejemplo, disminuye la producción de nuevas células inmunitarias capaces de reconocer agentes patógenos nunca antes vistos, mientras que aumenta la presencia de células “especializadas” en la memoria de infecciones pasadas. Este fenómeno, a menudo asociado con deficiencias nutricionales más frecuentes en las personas de edad avanzada, puede reducir la capacidad del organismo para responder a nuevas amenazas infecciosas y aumentar la susceptibilidad a infecciones respiratorias.
Equilibrio antioxidante y coste energético de la respuesta inmune
La activación de las defensas inmunitarias requiere una importante utilización de energía por parte del organismo y va acompañada de procesos biológicos que aumentan la producción de radicales libres.
Los cambios de estación, las bajas temperaturas, el estrés prolongado, la convalecencia o la exposición frecuente a entornos concurridos pueden poner a prueba las defensas naturales. No es de extrañar que, en estas circunstancias, una mayor susceptibilidad a las infecciones se pueda asociar con una sensación de cansancio y fatiga. El sistema inmunitario está estrechamente relacionado con los mecanismos que regulan el metabolismo energético y el equilibrio oxidativo del organismo.
Las estrategias de apoyo se insertan en el ámbito del mantenimiento de las condiciones fisiológicas normales del organismo, y del bienestar del paciente. Ciertas enfermedades agudas o crónicas del sistema inmunitario requieren la consulta de un médico o especialista.
Cambios en el estilo de vida
Las principales recomendaciones de salud pública indican, como primer paso para apoyar las defensas del organismo, la corrección de los factores modificables ya descritos:
• un sueño adecuado
• una alimentación equilibrada
• la posible integración de deficiencias específicas
• gestión del estrés
• actividad física regular
Junto a estas medidas, el farmacéutico puede desempeñar un papel importante en el asesoramiento no prescriptivo, orientando al paciente hacia la utilización de complementos alimenticios adecuados en los períodos de mayor vulnerabilidad, como por ejemplo en los cambios de estación, durante una convalecencia, o en presencia de fatiga persistente.
Complementos alimenticios a base de complejos naturales
Entre los complementos disponibles en farmacia para el apoyo del sistema inmunitario, hoy también encontramos soluciones a base de complejos moleculares naturales, formulados con extractos de Equinácea, Sambuco, Eleuterococo y Jengibre expresamente desarrollados para ejercer una acción inmunomodulante, Antioxidante y de apoyo al metabolismo energético del sistema inmune. La asociación de extractos vegetales con estas actividades complementarias dentro de una única formulación puede representar una estrategia útil en los períodos de mayor vulnerabilidad del organismo.
* Fuentes bibliográficas: contactar www.aboca.com