La menopausia, como coloquialmente se conoce, se ha consolidado en los últimos años como un problema de salud de alto impacto, al entender que va más allá del envejecimiento reproductivo y que sus síntomas pueden afectar significativamente a la calidad de vida de la mujer y en consecuencia a toda la sociedad. Abordarla de forma temprana y desde un enfoque integral cobra más relevancia en un momento en el que la evidencia científica está redefiniendo su manejo y tratamientos.
La menopausia y el climaterio han dejado de ser temas que las mujeres vivamos en silencio absoluto. Se habla más de ellos, se comparten más experiencias y existe una mayor búsqueda de información, aunque muchas pacientes todavía aguantan síntomas durante demasiado tiempo antes de consultar.
Ese mayor conocimiento y visibilidad no significan que el problema esté resuelto, pero sí ha permitido identificar mejor un periodo clínico que puede ser intenso, desigual y, en algunos casos, verdaderamente limitante.
Por otro lado, hemos de tener en cuenta que no toda la información que está al alcance de cualquiera es veraz o basada en evidencias científicas.
“La evidencia científica evoluciona y con ella debe evolucionar nuestra práctica clínica”.
La investigación reciente está dejando claro que la menopausia no puede entenderse como una suma de síntomas aislados.
En revisiones y publicaciones científicas en los últimos años, se subraya precisamente este enfoque integral, al describir la menopausia como una etapa asociada a síntomas vasomotores, genitourinarios, psicológicos, cognitivos y sexuales, con necesidad de un abordaje terapéutico y psicosocial individualizado. Esa visión es importante porque cambia el foco: ya no basta con preguntar por lo más obvio, sino que hay que explorar sueño, ánimo, sexualidad, vejiga, hueso y metabolismo, incluso cuando ellas mismas no lo perciben así. Un ejemplo sería una pérdida de densidad ósea, casi siempre silenciosa, pero muy relacionada con esta etapa de la mujer.
La publicación de nuevos estudios, la consolidación de datos procedentes del seguimiento a largo plazo del Women’s Health Initiative (WHI), la incorporación de nuevos tratamientos no hormonales y, especialmente, la decisión de la Food and Drug Administration (FDA) de comenzar la retirar la histórica de la advertencia en recuadro negro (black box warning) en la mayoría de los tratamientos hormonales para la menopausia en noviembre del 2025, han supuesto un punto de inflexión para una nueva era en cuanto a protocolos de actuación.
Hoy existe un consenso mayoritario entre las principales sociedades científicas internacionales: en mujeres sanas menores de 60 años o dentro de los diez años posteriores al inicio de la menopausia, el balance beneficio-riesgo de la terapia hormonal es claramente favorable cuando existe una indicación clínica y no hay contraindicaciones.
Este concepto, conocido como “ventana de oportunidad”, constituye actualmente uno de los pilares del tratamiento en esta etapa, y por lo tanto la TH pasa a jugar a primera liga, ya que es el tratamiento más eficaz para los síntomas vasomotores moderados o graves, con reducciones muy importantes en la frecuencia e intensidad de los sofocos, mejoría del sueño, de la calidad de vida y del síndrome genitourinario de la menopausia.
Por lo tanto, dentro de la “ventana de oportunidad”, puede aportar beneficios adicionales sobre la salud ósea, reducir el riesgo de fracturas osteoporóticas y mejorar diversos parámetros cardiometabólicos en mujeres adecuadamente seleccionadas.
No obstante, que nos quede muy claro, que la TH sigue requiriendo una valoración totalmente individualizada. Esta decisión no implica que la terapia hormonal sea adecuada para todas las mujeres, ni elimina la necesidad de valorar cuidadosamente las contraindicaciones, dosis, forma farmacéutica pautada, y revisiones periódicas.
Lo que refleja es algo mucho más importante: el reconocimiento de que la evidencia científica actual es muy diferente de la disponible hace más de veinte años, donde hemos pasado de una medicina basada en el miedo a una medicina basada en la evidencia y en la total personalización del tratamiento.
Los antagonistas de neuroquinina, especialmente fezolinetant y elinzanetant, se han consolidado como alternativas de interés en mujeres que no desean o no pueden usar terapia hormonal, ampliando de forma muy clara el abanico terapéutico disponible para ginecólogos y otros médicos que atienden menopausia.
-Fezolinetant (Veoza) está disponible en España desde mediados de 2024 y su uso ha ido en aumento dentro de Europa y Estados Unidos. Está indicado para síntomas moderados-graves y, en la ficha técnica española, se emplea a 45 mg una vez al día. No debe asociarse con inhibidores moderados o potentes de CYP1A2, por lo que preocupan especialmente fluvoxamina, ciprofloxacino y otras quinolonas, cimetidina y, según el contexto clínico, estrógenos; además, puede verse afectado por fármacos que se mencionan como sustratos o de interés clínico como cafeína, teofilina, clozapina y olanzapina.
Como efectos adversos descritos incluyen hepatotixicidad, insomnio o diarrea.
-Elinzanetant (Lynkuet) también muestra eficacia sobre sofocos y sueño. Recibió autorización de comercialización en la UE a finales de 2025, por lo que su presencia en farmacias españolas y en el mundo es todavía limitada y en fase de implantación. Debe evitarse con inhibidores potentes de CYP3A4, destacando claritromicina, eritromicina, itraconazol, ketoconazol, posaconazol, voriconazol y ritonavir, además de verapamilo y diltiazem como fármacos a vigilar.
Efectos secundarios posibles son cefalea, fatiga o mareo.
Ambos son medicamentos sujetos a prescripción médica y, por tanto, no pueden dispensarse sin receta en farmacia comunitaria.
En la farmacia conviene transmitir que no son “hormonales disfrazados”, pero tampoco inocuos y explicarle a la paciente que el beneficio no suele ser inmediato.
El ejercicio físico regular se ha posicionado como una intervención segura, coste-efectiva y científicamente respaldada para mejorar la salud durante la perimenopausia y posmenopausia.
Según las recomendaciones de las OMS en 2020, y reforzadas en 2025, lo correcto estaría en 150-300 minutos/semana de ejercicio aeróbico moderado, o 75-150 minutos/semana de ejercicio vigoroso, con al menos 2 sesiones/semana de fortalecimiento muscular.
Los programas de ejercicio, especialmente el entrenamiento resistido combinado con aeróbico, contribuyen al control de síntomas vasomotores, mejoran la composición corporal, también la densidad ósea y el estado de ánimo.
Por último, destacar que como farmacéuticos y farmacéuticas desempeñamos un papel esencial en este nuevo escenario. Nuestra labor no se limita a dispensar el tratamiento, sino también a identificar mujeres potencialmente candidatas, resolver dudas, favorecer la adherencia, explicar los beneficios y riesgos reales, combatir la desinformación que circula en redes sociales y reforzar la importancia del seguimiento periódico. Es nuestro acometido estar al día con el objetivo es acompañar a la mujer para que atraviese esta etapa con la mejor salud y calidad de vida posibles, utilizando las herramientas terapéuticas que la ciencia pone hoy a nuestra disposición.
Por ello, en resumen, el mensaje que debemos transmitir desde la farmacia no es que “la terapia hormonal sea segura para todas”, sino que es un tratamiento eficaz cuyo perfil beneficio-riesgo resulta favorable cuando se prescribe a la mujer adecuada, en el momento adecuado y tras una valoración clínica individualizada, además de sugerir unos buenos hábitos saludables, acordes a su nueva etapa.
La menopausia en 2026 ya no puede explicarse como una etapa que simplemente se soporta. La evidencia reciente la sitúa como un momento clínico complejo, con impacto real sobre el sueño, el ánimo, la sexualidad, el metabolismo, la esfera urinaria y la calidad de vida global.
Lo más novedoso no es solo la aparición de tratamientos nuevos, sino el cambio de mentalidad clínica: preguntar mejor, detectar antes, individualizar más y ofrecer alternativas acordes al perfil de cada paciente.
En ese contexto, la combinación de terapia hormonal bien seleccionada, alternativas no hormonales, acompañamiento psicosocial, deporte y nutrición dirigida, puede transformar de manera significativa la manera de vivir esta etapa.