El abordaje moderno del cáncer ha evolucionado más allá de la farmacología y la cirugía. Hoy en día, el ejercicio físico y la nutrición como refuerzo deben ir de la mano en la mejora de la calidad de vida y en la recuperación del paciente oncológico. El objetivo principal de estas intervenciones no es meramente estético, aunque sí tiene una relevancia importante en la autoestima y en cómo nos vemos, así como la parte clínica. Combatir la sarcopenia (pérdida de masa muscular), mitigar la fatiga crónica y mejorar la tolerancia inmunológica a los tratamientos oncológicos severos, así como mantener el cuerpo fuerte y bien nutrido es base fundamental que permite dar continuidad a las terapias médicas.
Antes de hablar de cómo ayudar a mejorar el estado físico en pacientes oncológicos debemos conocer qué sucede en el músculo para poder entender mejor cómo orientar en su recuperación.
• Inflamación y catabolismo: el tumor libera sustancias químicas que generan inflamación crónica, ordenando al cuerpo destruir las proteínas del músculo para alimentarse.
• Caquexia cancerosa: es un deterioro grave donde se pierde músculo y grasa corporal de forma rápida; a diferencia de la desnutrición simple, no se frena solo con comer más.
• Debilidad y fatiga: la falta de tejido muscular activo causa cansancio extremo y merma la capacidad para realizar tareas diarias.
• Impacto del cáncer en la masa muscular: diferencias frente a un músculo sano
• Volumen del tejido magro: el músculo sano (normal) es denso, grueso y ocupa la mayor parte del espacio alrededor del hueso. En el músculo con atrofia u oncológico, el diámetro del músculo se reduce drásticamente.
• Infiltración de grasa y tejido fibroso: en el músculo degradado se llegan a apreciar líneas o depósitos blancos. Esto es grasa (infiltración intramuscular) y tejido conectivo que reemplazan a las fibras funcionales perdidas.
• Tamaño de las fibras (Biopsia): en las imágenes de microscopio, las fibras sanas se ven grandes, compactas y uniformes. En los modelos de caquexia (como el cáncer colon-26 o LLC), las fibras se encogen, se separan y muestran espacios vacíos debido a la autodestrucción celular.
• Efecto de la quimioterapia: los fármacos dañan las mitocondrias de las células musculares mediante estrés oxidativo, lo que frena la capacidad del cuerpo para crear músculo nuevo.
• Inactividad forzada: las cirugías, las hospitalizaciones y el malestar general reducen el movimiento, acelerando la atrofia por desuso.
• Menor tolerancia médica: un paciente con músculos muy debilitados tolera peor las dosis de los fármacos y enfrenta más riesgos de retrasar sus ciclos.
Un organismo desnutrido destruye sus propios músculos para obtener energía, lo que debilita el sistema inmunitario y reduce la eficacia de la terapia. La suplementación debe estar estrictamente regulada por un especialista bajo las siguientes pautas y es fundamental para contrarrestar estos efectos.
• Proteína de alta calidad: es el bloque de construcción de la masa muscular. Se estima un requerimiento de entre 1.2 y 1.5 gramos por kilogramo de peso al día. En un paciente de 80 kilos, estaríamos hablando de entre 96 g y 120 g de proteína neta/día.
Para obtener 30 gramos de proteína neta de origen animal, necesitas consumir aproximadamente entre 120 g y 150 g de alimento en peso crudo, ya que la mayoría de las carnes y pescados contienen entre un 20% y un 25% de proteína.
Para obtener 30 gramos de proteína neta de origen vegetal, las porciones en peso suelen ser mayores o más calóricas que las animales, ya que los vegetales contienen más agua, carbohidratos o grasas. Estas son algunas de las equivalencias aproximadas en alimentos vegetales (en peso cocido o listo para consumir):
- Tofu firme: alrededor de 200 g (aporta mucha proteína con pocas calorías).
- Tempeh: unos 150 g (es más concentrado que el tofu).
- Lentejas, garbanzos o alubias: aproximadamente 350 g de legumbre ya cocida (unas 2 tazas).
Ante la falta de apetito o náuseas, los suplementos de proteína de suero de leche o de origen vegetal son herramientas eficaces.
• Ácidos grasos Omega-3: actúan como potentes antiinflamatorios naturales. Ayudan a frenar la degradación muscular producida por la inflamación tumoral crónica.
• Creatina: favorece la resíntesis de energía muscular (ATP), mejorando la fuerza funcional en las actividades cotidianas del paciente.
• El peligro de los antioxidantes: durante la quimioterapia o radioterapia, el uso de altas dosis de antioxidantes aislados (como vitamina C, E o cúrcuma concentrada) puede neutralizar el efecto oxidativo que el tratamiento médico utiliza para destruir las células tumorales. Su uso debe ser evitado a menos que el oncólogo determine lo contrario.
La Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) insiste en la necesidad de mantener una actividad física en función de las características del paciente y de dejar de lado el mito del reposo absoluto. El músculo es un órgano endocrino que, al contraerse, libera sustancias que regulan el sistema inmune.
Etapa 1: antes del tratamiento
• Objetivo: es muy importante preparar el cuerpo. Llegar a una cirugía o ciclo de quimioterapia con una buena base muscular reduce drásticamente las complicaciones postoperatorias y los días de hospitalización.
• Prescripción: una vez superada la cirugía es vital realizar ejercicios que involucren grandes grupos musculares (sentadillas, empujes y tracciones) utilizando el propio peso corporal o bandas elásticas de resistencia media.
Etapa 2: tratamiento activo (quimioterapia y radioterapia)
• Objetivo: controlar el síndrome de fatiga relacionada con el cáncer y evitar la atrofia por falta de actividad. El ejercicio en esta fase modula la toxicidad del tratamiento.
• Prescripción: sesiones breves pero frecuentes (20-30 minutos, 2 o 3 veces por semana). Ejercicios adaptados como sentarse y levantarse de una silla, elevaciones de brazos con mancuernas ligeras y fortalecimiento de la zona central (core). La intensidad debe ir regulándose según la energía que tenga el paciente ese día, deteniendo la actividad ante la presencia de fiebre, mareos o dolor agudo.
Etapa 3: recuperación a largo plazo
• Objetivo: recuperar la funcionalidad perdida, combatir la osteoporosis inducida por tratamientos hormonales y disminuir el riesgo de recidiva (recogido en guías institucionales como las de GEICAM).
• Prescripción: progresión hacia cargas más elevadas combinadas con ejercicio cardiovascular de impacto moderado (caminar a ritmo ligero, ciclismo o natación), buscando una recuperación integral de la composición corporal.
Aunque el ejercicio de fuerza es seguro y altamente beneficioso para la mayoría de los pacientes oncológicos, existen situaciones clínicas críticas donde el esfuerzo físico está estrictamente contraindicado. En estos escenarios, el estrés mecánico o metabólico puede agravar la condición del paciente o poner en riesgo su vida.
El entrenamiento debe suspenderse de inmediato o no iniciarse si se presenta cualquiera de las siguientes condiciones:
• Alteraciones hematológicas severas:
- Anemia grave: niveles de hemoglobina inferiores a 8 g/dL (riesgo de hipoxia y fallo cardíaco).
- Neutropenia severa: recuento de neutrófilos inferior a 500/mm³ (riesgo extremo de infecciones graves por exposición).
- Trombocitopenia severa: plaquetas por debajo de 50.000/mm³ (alto riesgo de hemorragias internas ante mínimos traumatismos o esfuerzos intensos).
• Infección activa o procesos febriles: temperatura corporal superior a 38°C o sospecha de infección activa. El ejercicio eleva la demanda metabólica y puede exacerbar el cuadro clínico.
• Metástasis óseas inestables o líticas: presencia de lesiones tumorales en los huesos con alto riesgo de fractura patológica. En estos casos, las cargas axiales (pesos sobre la columna o extremidades afectadas) están totalmente prohibidas hasta que el oncólogo o traumatólogo paute ejercicios isométricos muy específicos.
• Sintomatología aguda e inestable:
- Presencia de dolor óseo agudo, inusual o no controlado con la medicación.
- Mareos, vértigos, desorientación o visión borrosa.
- Disnea (dificultad respiratoria) en reposo o ante esfuerzos mínimos.
- Dolor, opresión o presión en el pecho, así como palpitaciones o arritmias no diagnosticadas.
• Toxicidad cardíaca o pulmonar inducida por el tratamiento: pacientes que muestren signos de miocardiopatía o insuficiencia cardíaca congestiva tras el uso de ciertos fármacos (como las antraciclinas) deben pasar por una evaluación cardiológica estricta antes de realizar cualquier esfuerzo de fuerza.
• Náuseas o vómitos severos: deshidratación o desequilibrio electrolítico agudo en las últimas 24-48 horas.
La combinación de fuerza muscular y un estado nutricional óptimo no es un complemento opcional, sino una terapia complementaria con una amplia y robusta evidencia científica. Cada dosis de ejercicio y cada pauta de suplementación deben ser recetadas con la misma precisión que un fármaco, adaptándose a la analítica, el tipo de tumor y la tolerancia individual del paciente.