Durante la primavera hay un incremento de consultas en la farmacia sobre piel enrojecida/reactiva… Estas consultas se convierten una oportunidad real para la farmacia y es importante que esté preparada para pasar de una recomendación básica a un asesoramiento estructurado.
Para poder dar este paso, en primer lugar, se debe entender qué hay detrás de estas alteraciones que no son solo piel enrojecida.
En primavera hay más alérgenos en el ambiente, aumento de las temperaturas, incremento de los índices de radiación… Todo esto influye directamente en una alteración de la función barrera que deja a la piel mucho más expuesta, con lo que situaciones o elementos a los que la piel no reaccionaba, ahora, pueden suponer un desencadenante:
• Exposición a activos potentes (retinoides, exfoliantes, vitamina C).
• Factores vasculares y neurosensoriales agravados.
• Mayor impacto de cambios hormonales (perimenopausia).
• Clima y contaminación.
Por esta razón, el primer paso es que la farmacia pueda diferenciar entre cuperosis, rosácea y piel irritada.
1. CUPEROSIS
La cuperosis es una alteración vascular superficial, que se caracteriza por la aparición de telangiectasias o arañas vasculares visibles en la zona centrofacial, como son las mejillas y las aletas de la nariz.
Características:
• Enrojecimiento persistente localizado (mejillas, aletas nasales).
• No suele haber pápulas ni pústulas.
• Sensación de calor ocasional.
En este caso el foque dermocosmético debe ir dirigido a reforzar los capilares, mejorar la microcirculación de la piel, reforzar la función barrera y proteger la piel de las radiaciones.
2. ROSÁCEA
La rosácea ya es una alteración más severa de la piel, en la que hay componentes vasculares e inmunológicos implicados.
Signos clave:
• Eritema persistente + brotes.
• Pápulas y pústulas que a veces se pueden confundir con acné.
• Sensación de ardor/picor.
• Posible afectación ocular.
Debe quedar claro que la rosácea requiere derivación médica para diagnóstico y tratamiento farmacológico.
El rol de la farmacia en este caso se limita a ofrecer, a los pacientes ya diagnosticados, un acompañamiento en el que podemos pautar una rutina dermocosmética que puede ser:
- coadyuvante al tratamiento medicamentoso,
- de mantenimiento cuando el brote ya está controlado.
Esto beneficia al paciente y a la patología en la prevención de brotes y que, cuando estos se den, sean menos intensos.
3. IRRITACIONES CUTÁNEAS
Las irritaciones de la piel, sin embargo, requieren un estímulo externo para que se produzcan, aunque, como he comentado al inicio del artículo, es una piel que está especialmente comprometida y más expuesta porque parte de una función barrera alterada.
Causas frecuentes:
• Cosméticos inadecuados.
• Sobreexfoliación.
• Uso incorrecto de activos.
• Factores ambientales.
En la piel se manifiestan con enrojecimiento difuso, tirantez en la zona afectada, picor o escozor inmediatos tras el contacto con el estímulo.
La diferencia clave. con respecto a la rosácea o la cuperosis, es la aparición rápida tras el contacto con el desencadenante.
En este caso, desde la farmacia hay que calmar y reparar la piel con una rutina minimalista de: limpieza suave y dermocosméticos reparadores y regeneradores, por las mañanas siempre acabar con protección solar.
Paso 1 - Escucha activa
• ¿Desde cuándo?
• ¿Hay brotes?
• ¿Qué productos utiliza?
Paso 2 - Observación
• Localización del eritema
• Presencia de lesiones
• Estado de la piel
Paso 3 - Clasificación
• Vascular (cuperosis)
• Inflamatoria (rosácea)
• Reactiva (irritación)
Paso 4 - Recomendación en general
• Rutina simplificada
• Activos calmantes y reparadores
• Fotoprotección obligatoria
Paso 5 - Seguimiento
• Revisión en 2-3 semanas
• Niacinamida: acción antiinflamatoria y fortalecedora de la función barrera.
• Pantenol: calmante y reparador de la función barrera.
• Ácido azelaico: activo clave en rosácea papulo pustulosa, antiinflamatorio, seborregulador, antibacteriano.
• Centella asiática: regenerador.
• Regaliz: antiinflamatorio.
• Pre y postbióticos: refuerzo de la microbiota.
Importante tener en cuenta a la hora de la elección de los productos que las texturas estén adaptadas al tipo de piel. De la misma manera, evitar activos agresivos y perfumes. Lo ideal es centrarse en productos hipoalergénicos.
La farmacia, como primer establecimiento sanitario de consulta, tiene la capacidad de realizar detección precoz de ciertas alteraciones de la piel (no diagnosticamos, pero podemos orientar a nuestros pacientes). Gracias a las indicaciones tan sencillas que hemos visto en este artículo, podemos generar confianza en nuestros pacientes, lo que ayuda en la fidelización. Pero, además, que poco a poco la farmacia se posicione como centro de referencia en piel de la zona en la que se encuentra.
Convertir una consulta de piel enrojecida/reactiva en una experiencia de asesoramiento profesional marcará la diferencia entre vender un producto o conseguir un paciente fiel a la farmacia. Lo que está claro es que el equipo debe de:
- Estar formado.
- Tener interiorizado el protocolo.
- Tener claros los productos implicados en cada consejo.