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33 farmaventas Piel fv ¿Qué hace realmente un exfoliante? De forma natural, la piel se renueva eliminando células muertas. Pero este proceso puede volverse más lento con la edad, el estrés, la contaminación o algunas patologías. Los exfoliantes ayudan a “despegar” esas células que se quedan adheridas, mejorando la textura de la piel, su luminosidad y facilitando que los tratamientos posteriores funcionen mejor. Eso sí: exfoliar no es “raspar”, y aquí es donde empiezan muchos problemas. Actualmente existen varios tipos de exfoliantes: • Exfoliantes físicos: son los clásicos “scrubs” con partículas. Funcionan por arrastre, eliminando células muertas mediante fricción. El problema es que: pueden ser agresivos si las partículas son irregulares, es fácil pasarse con la presión y pueden alterar la barrera cutánea. Hoy en día, su uso es más limitado y se recomiendan solo en formulaciones suaves y bien diseñadas. • Exfoliantes químicos: son la opción más utilizada actualmente porque actúan de forma más controlada. En esta categoría están los alfahidroxiácidos (AHA) como el ácido glicólico o láctico. Actuán en la superficie, mejoran textura y luminosidad, ayudan en manchas y pieles apagadas. Son una buena opción en pieles secas o con signos de envejecimiento. Y también están en esta categoría los betahidroxiácidos (BHA). El más conocido es el salicílico. Penetra en el poro, ayuda a eliminar el exceso de sebo y tiene efecto antiinflamatorio. Por eso es el favorito para pieles grasas o con acné. • Otros exfoliantes más suaves: en esta categoría se encuentran los PHA (polihidroxiácidos), que son similares a los AHA pero más suaves. Y los exfoliantes enzimáticos, como la bromelaína o papaína, con acción progresiva. Son ideales en pieles sensibles o cuando hay tendencia a irritación. Relación entre limpieza y exfoliación La exfoliación no sustituye a la limpieza diaria, sino que la complementa. Una buena rutina sería: limpieza diaria adecuada, y realizar exfoliación puntual según tipo de piel. El gran problema: la sobreexfoliación. Cada vez es más habitual ver pieles irritadas por exceso de exfoliación. ¿Consecuencias? Enrojecimiento, sensación de ardor, deshidratación, aparición de granitos. Muchas veces el paciente piensa que necesita “más tratamiento”, cuando en realidad necesita parar. Aquí el farmacéutico tiene un papel clave detectando este problema. Cómo aconsejar desde la farmacia • Según tipo de piel. Seca o sensible: mejor PHA o AHA suaves. Grasa o acneica: ácido salicílico. Mixta: combinaciones o uso localizado. • Frecuencia orientativa: 1–3 veces por semana en la mayoría de casos. Ajustar según tolerancia. • Consejos clave: empezar poco a poco, no combinar varios exfoliantes sin control y usar siempre fotoprotección. Exfoliantes faciales y limpieza facial “ La limpieza facial diaria no es un paso secundario, sino la base sobre la que se construye toda la rutina dermocosmética”

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